Río de Janeiro

Desde mi llegada al hemisferio sur, apenas he viajado por él. Me he mantenido cauta a la hora de una desplazamiento largo. Pero a veces ocurre que a necesidad de tu mente por escapar de lo aburrido, se convierte en el mayor atractivo para viajar. Y me he ido a Brasil. He de confesar que la idea de conocer tan enorme país no ha sido nunca una de mis prioridades. Cierto es que la llamativa selva y zonas frondosas que esconde grandes regalos de la naturaleza era algo que en algún momento conocería. Pero me fui a Rio.

A diferencia de mis otras veces, el viaje a Rio se presentaba de la manera más rara. Llegó el momento de subir al avión y no había mirado ni como era la ciudad. No sabía en que aeropuerto hacía escala, cuántas horas, cómo llegar al hostel… Me gusta organizar los viajes bien cunado voy con pocos días, soy ansiosa por naturaleza y no quiero dejarme nada por ver. Debo decir que los prejuicios con los que vivimos a veces se convierten en ”slogans” propios. Siempre había oído que Rio de Janeiro era una ciudad insegura, en la que tener cuidado, que podía pasar algo en cualquier momento. No digo que sea todo lo contrario, pero como los prejuicios se van cuando viajas quise no tomar mucha conciendia de las recomendaciones de otros. Gratamente me sorprendió en este aspecto y, si bien la ciudad tiene zonas ”delicadas” en las que la presencia policial se hace más llamativa, no vi ni viví ninguna situación complicada (por suerte).

He de reconocer que ha sido un viaje atípico, podría llamarlo Viaje Experimento, ya que he hecho todo lo que no suelo hacer en un viaje: comer en restaurantes caros, seguir la ruta marcada en el mapa para turistas y pelearme con 200 personas en lo alto del Corcovado para poder sacar la foto más ansiada de la ciudad. Soy más de ”a lo que salga” como hablar con los señores sentados en la puerta de sus casa tomando el sol, comer en el bar del barrio mugriento pero sabroso o perderme por las calles menos transitadas

He hecho de turista 100%, nunca pensé que podría sobrevivir a seguir los pasos de las ovejas turísticas que se acercan al punto de información, sedientas de mapas, indicaciones y ventas de shows ”all inclusive”. Pero me he reído mucho analizando lo que hacía bebí agua de coco en un coco, me bañé en las aguas de Ipanema (es muy fuerte la corriente, ojo con las olas) y he sacado fotos a todo lo que marcaba mi querido mapita.

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Cristo Redentor

Sin embargo ha sido un viaje genial, Rio de Janeiro es una ciudad preciosa, rodeada de vegetación y mirando al mar, situada entre y sobre ”morros” es sin duda una ciudad para ser visitada. Además he ido muy bien acompañada y una vez allí me he reencontrado con Karime, una vieja amiga de la universidad.

Y son esas cosas, al fin de cuentas, las que quedan para el recuerdo.

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